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Ir en contra de la mayoría puede hacerte sentir diferente, excluido, etc…. No obstante este método es muy válido para batir al mercado. De hecho, el inversor que se rige por la estrategia de la opinión contraria es considerado un gurú de las finanzas. Se trata de personas atrevidas, con un carácter fuerte y que no se dejan llevar por lo que diga la mayoría.
Este tipo de inversores contrarios son aquellos que salen de casa con paraguas un día de pleno sol, que hacen las compras de Navidad en las rebajas de enero, que huyen de las masas y que no se dejan influir por las modas. Un inversor contrario es consecuente con sus convicciones y es capaz de vender su casa en el pico del mercado inmobiliario e irse a vivir de alquiler esperando a que bajen los precios para volver a comprar una vivienda a buen precio. Su valentía a la hora de tomar decisiones es lo que diferencia a este tipo de inversores de cualquier otro.
La estrategia de la opinión contraria parte de dos premisas básicas:
Esta estrategia lleva consigo un análisis minucioso del mercado. Si, por ejemplo, individuos que nunca han invertido en bolsa, y mucho menos especulado, se interesan por el mercado y compran y venden acciones es momento para vender.
En este caso, podríamos decir que la euforia se habría apoderado del mercado y más valdría salir del mismo y esperar a que bajen los precios, que permanecer en él. El inversor de la opinión contraria no sólo saldría del mercado sino que también utilizaría estrategias con derivados para ganar dinero en mercado bajistas y vendería al descubierto (pedir acciones prestadas a un tercero para devolvérselas luego en un plazo determinado, momento en el que los títulos podrán comprarse mucho más baratos, con lo que se saca un amplio margen de beneficio).
Pero el inversor contrario no sólo apuesta a la baja. Tanto un mercado eufórico como un mercado hundido tienen amplias posibilidades de ganar, siempre y cuando se lleven a cabo buenas estrategias de inversión. Para un inversor contrario todo tiende a la media por lo que un mercado bajista tenderá a subir.
Por ejemplo, en marzo de 2003 el nivel de pesimismo en el mercado era un claro reflejo de la situación mundial. El panorama internacional marcado por la crisis económica de los años anteriores, los atentados del 11-S, la guerra de Irak…. provocaba un rechazo general hacia la bolsa. Nadie quería oír hablar de bolsa y mucho menos de valores asociados al turismo, a las aerolíneas o compañías hoteleras. Con el mercado tan barato era el momento de que los índices bursátiles se dieran la vuelta y volvieran a recuperar sus niveles medios. El inversor contrario se frotaba las manos. En esta situación, este tipo de inversores se debería posicionar en los sectores relacionados con el turismo más rechazados por la mayoría. En tan sólo cuatro meses, Iberia subió más de un 25% y Sol Meliá casi un 50%. Las ganancias habrían sido muy notables.
Pero si los resultados de esta estrategia son tan buenos, ¿por qué no hay más inversores contrarios? En primer lugar porque si todo el mundo siguiera esta estrategia no habría situaciones de euforia ni de pánico. En segundo lugar porque no hay cosa más incómoda que llevar la contraria a todo el mundo y equivocarse al mismo tiempo. Se trata de una estrategia arriesgada. En tercer lugar porque la educación que la mayoría de las personas ha recibido tiende a hacernos pensar que, salvo casos excepcionales, la opinión de la mayoría es la correcta. Es complicado ir contra el mercado cuando una de sus principales máximas es que “la tendencia es tu amiga”.
Los inversores contrarios se guían a través de varios indicadores para anticiparse a los cambios de tendencia en Bolsa:
La norma es que cuando el 75% de los analistas son alcistas habría que vender, y cuando sólo el 25% son alcistas, habría que comprar.

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